Hoy en Regina he encntrado a un hombre que decía llamarse Mateo. Mateo estiro la mano cortesmente y su olor me recordaba a la vainilla, sus ojos al cielo. Mateo ocultaba un entusiasmo que me resultaba intrigante. Me sonrió y me preguntó:
-Me da gusto volver verte. ¿Te acuerdas de Malta?-
- No, no conozco Malta.- Contesté
y Mateo sosprendido me preguntó - ¿Cómo? ¿En que año estamos?-
-2010- contesté
-¿2010? preguntó en un tono alto y llevandose la mano hasta la frente. -Carajo, me equivoqué de año, disculpame querida.- y Mateo desapareció frente a mis ojos.
Durante algunos minutos me quedé en el mismo sitio, asombrada, petrificada pero con gran satisfacción, emoción y alegría me dije a mi misma: conoceré Malta, mi sueño de toda la vida.